No me sobornó, solo llamó mi atención de forma monetaria.
Buford van Stomm
Es para mi realmente nostálgico volver a escribir sobre este mítico juego. La última entrada del difunto baku-log fue referente al increíble mundo subacuático que Bit-Blot inmortalizaría -en bits- para la historia.
Como punto de partida, me gustaría explicar -a los no tan expertos- unos detalles sobre la industria del “videojuego”. En esta industria existen dos sectores: en primera instancia, el sector profesional (aquellas grandes empresas que acaparan los grandes títulos de las videoconsolas, con inmensos equipos de desarrollo y presupuestos exuberantes); por otro lado, el sector “independiente” (indie para los amigos): pequeños grupos de personas (como nosotros), que se dedican a producir videojuegos. ¿Es eso posible? (preguntarán algunos), lo es, y algún día hablaré al respecto.
Para mí, la primordial diferencia entre ambos sectores, es que el primero tiene una base puramente comercial; su más directo fin es lucrar, llegando a olvidar la innovación y la originalidad. El sector indie, por su base “no tan lucrativa”, se enfoca muchísimo en los aspectos artísticos del videojuego, llegando a crear mecánicas revolucionarias, con títulos que -casi siempre- rompen expectativas.
Este es el caso de Aquaria, una producción independiente que se ha vuelto clamorosa dentro de la industria. Sigan leyendo…
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